Tal parece que la civilización olmeca fue la primera en inventar la brújula magnética, con lo que se adelantó a los chinos en casi 1000 años. En efecto, en las ruinas olmecas de San Lorenzo, Veracruz, se encontró hace varios años un pequeño objeto imantado, al que se puso por nombre M-160 y que por azares del imperialismo científico se encuentra ahora en la Universidad de Michigan, EU, a donde fue llevado por sus descubridores, P. Kroster y M. D. Coe. Este curioso artefacto fue estudiado con meticulosidad por Juan B. Carlson, investigador de la Universidad de Maryland, quien concluyó que el M-160 fue usado como brújula.
Las pruebas presentadas por Carlson apuntan a la habilidad de los olmecas para trabajar el hierro, puesta de manifiesto por varios y extraordinarios espejos bruñidos, así como a su preocupación por orientar sus construcciones de una manera particular. Con esta base, el estudio del objeto imantado y de sus características muestra como muy probable su uso al modo de una brújula. El artefacto es una barrita de 3.5 cm de longitud, y si se le pone a flotar sobre un corcho en agua o mercurio, su eje se orienta 36° al oeste del norte magnético.
El geofísico estadounidense Sheldon Breiner, en cuyo currículo se encuentra el hallazgo de dos cabezas olmecas, sugirió entonces que este pueblo había construido sus edificios orientados hacia el Norte magnético tal como se encontraba hace 3.000 años, pues éste, a diferencia del Norte geográfico, que siempre es el mismo, se ha ido desplazando ligeramente con el paso de los siglos. La pista de esa primitiva brújula olmeca fue muy útil para los nuevos estudios sobre astroarqueología. Así, en el año 2003, una expedición encabezada por los geodestas Frantisek Vítek y Jaroslav Klokocník, del Instituto Astronómico de la República Checa, comprobó la hipótesis del científico estadounidense R. H. Fuson según la cual las antiguas civilizaciones mexicanas orientaban sus construcciones hacia el Polo Norte magnético. Teotihuacán, Palenque, Monte Albán, Chichén Itzá o Dzibilchaltún fueron algunas de las localidades que figuraban en el programa de la expedición. Sus conclusiones, dadas a conocer en 2004, no dejaban lugar a dudas: los olmecas y los mayas conocían la brújula y la usaron para orientar la construcción de muchos de sus edificios de acuerdo con los polos magnéticos de la Tierra y recordar así las fechas significativas de sus calendarios.La edad del objeto M-160 es mayor de 3 000 años, lo que convertiría, si el resultado de la investigación se confirma, en el imán de brújula más antiguo del mundo.
http://bibliotecadigital.ilce.edu.mx/sites/ciencia/volumen1/ciencia2/21/html/sec_87.html http://www.masalladelaciencia.es/hemeroteca/civilizaciones-antiguas-10-misterios-olmecas_id21885/juegos-rituales-y-templos_id1156808.html

Las brujulas son un gran invento que sobre todo lo crearon nuestros antepasados para orientarse en el norte magnetico y fue una forma de localizacion y orientacion de edificios.
ResponderEliminarEn la actualidad existen muchas brújulas algunas super avanzadas como la de los barcos.
La cultura olmeca es el nombre que recibe una cultura que se desarrolló durante el Preclásico Medio, Durante mucho tiempo se consideró que la olmeca era la cultura madre de la civilización mesoamericana, sabemos que esta cultura invento la brujula magnetica lo cual se adelanto a los chinos en casi 1000 años.
ResponderEliminarBueno en las ruinas olmecas de San Lorenzo, Veracruz, se encontró hace varios años un pequeño objeto imantado, al que se puso por nombre M-160 y que por azares del imperialismo científico se encuentra ahora en la Universidad de Michigan, EU por lo que se sabe.
Entre las contribuciones que han llevado a considerar a la olmeca como la “cultura madre” de Mesoamérica se encuentran: los primeros edificios ceremoniales, construidos de acuerdo con un plan bien determinado; la estructura social, capaz de organizar grandes obras; el primer y bien definido estilo artístico, plasmado lo mismo en pequeños objetos que en colosales esculturas; el dominio de la talla de piedras de gran dureza; un ritual fundamental: el juego de pelota; así como el desarrollo de sistemas calendáricos y de escritura
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